Te cuento que en el año 1990 empezó mi andadura hostelera, fue en lo que llamábamos entonces “la mili”. La hostelería era diferente. Ni mejor ni peor, sencillamente diferente. El servicio se hacía algo diferente al actual, teníamos la posibilidad de trabajar con equipos más amplios y nos permitía ofrecer ese “servicio diferente”.

La sala era muy importante, mucho más que la cocina. Se trabajaba delante del cliente. Limpiar pescados, trinchar carnes, flambear. Era lo habitual. Como camarero, o dominabas el uso de las pinzas o no tenías hueco en ese equipo. El camarero tenia conocimientos de vinos, de brandys, whyskeys y, por supuesto, de platos de renombre como “Lenguado meuniere”, “Solomillo strogonoff”, “Steak Tartar”, etc. La limpieza extrema era algo normal.

Debido al boom mediático de algunos cocineros, la cocina se ha vuelto la gran protagonista del negocio hostelero. La TV, radios, revistas, etc. han hecho que los cocineros y sus elaboraciones sean, hoy, ampliamente reconocidos y buscados.

Puede parecer, y en algunos casos es cierto, que el camarero ha perdido su prestancia, que se ha quedado en mero transportador de platos.

Esta última crisis no nos ha ayudado, ya que ha hecho que el sector hostelero se llenara de mano de obra no cualificada, lo cual desprestigia el sector, pero para el empresario abarata costes.

Parece que nos vemos sumidos en un mercado de Low Cost, tapas baratas, productos de segunda. Todo vale con el objetivo de abaratar costes. Sale más barato comer en un bar que comprar los productos en cualquier supermercado para comer en casa.

Me pregunto ¿Cómo puede ser eso posible?

Que cada uno saque sus propias conclusiones. Quiero recordarte que en nuestros 27 años de oficio, en el Restaurante Gladys, siempre tuvimos claro que la calidad de la materia prima no era un tema con el que jugar, y nuestra clara vocación de un buen servicio nos ha permitido seguir ahí con vosotros durante esta larga trayectoria.

Tenemos claro que no nos integraremos en un mercado Low Cost, en el que lo único que prima es la rentabilidad, perdiendo calidad. Por supuesto siempre, porque nos gusta, amoldándonos a las nuevas tendencias gastronómicas, sociales y de servicio como puede ser “el ir de tapas”.

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